El coronavirus ha llegado sin avisar, y ha venido para quedarse durante un tiempo en nuestras vidas, como si de una película de terror se tratase, solo que en este caso ha trascendido la pantalla de televisión, para convertirse en un factor real en nuestras vidas.

Las empresas que operan en territorio español, han tenido escasos tres meses, para adaptar su ciclo de producción a la “nueva realidad”. Ha supuesto un cambio de paradigmas, y preferencias de la sociedad, que por primera vez, ha hecho que la población urbana, huya a la España rural. También ha supuesto, un cambio de paradigma laboral, ya que las estructuras empresariales se han visto alteradas con la llegada del teletrabajo.

Pero, realmente, ese cambio de estructura empresarial, es un cambio obligado para salvaguardar la salud física de los empleados/as, cambio de obligado cumplimiento, al que está obligado el empresario/a por la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales.

Bien, analizando el título de este post, queremos demostrar cómo esta nueva estructura empresarial marcada por el teletrabajo, supone uno disminución de los gastos empresariales.

¿Por qué una disminución y no un incremento?

Es cierto que en nuestros planes de prevención de riesgos laborales, hemos de asumir el coste empresarial por el Covid -19, pero siempre y cuando, sigamos manteniendo las antiguas estructuras empresariales, ya que muchos de los gastos adicionales para la empresa (mascarillas, guantes, adaptación de puestos de trabajo…), se han producido cuando esta ha vuelto a la presencialidad pre coronavirus.

Si la empresa invirtiera en el teletrabajo, supondría eliminar varios costes directos e indirectos de una forma bastante notable:

  • Por un lado, tendríamos el ahorro coste material anti Covid-19 ( EPIS, zonas comunes, así como adaptaciones a puestos de trabajo)
  • Ahorro en alquileres de instalaciones y espacios físicos en los que realizar la actividad comercial de la empresa.
  • Reducción de costes laborales por accidentes de trabajo in itinere.
  • Incremento de la satisfacción laboral, ya que el trabajador/a vería reducido el presencialismo al que está obligado/a a realizar, normalmente bajo el marco jurídico de los convenios laborales.
  • Menor litigiosidad laboral, ya que mucha de esa litigiosidad la producen los ambientes hostiles de trabajo, al que el empresario/a, suele ser ajeno/a, viéndose de forma posterior inmerso/a en un proceso judicial, sobre hechos de los que no tenía constancia.
  • Redistribución del coste del presencialismo, que podría tener un retorno vía gratificaciones y premios a los trabajadores que lleguen a objetivos o investigación en I+D+i.

Después de leer este post, puede que sigas viendo el coronavirus como un factor destructor de empresas, así como de puestos de trabajo, o quizás pienses ya en innovar, y ver en dónde distribuirías los no gastos que supone realizar un cambio de paradigma de tu cultura empresarial.

 

                                          Mercedes López

                                                                                                      Experta Laboral y Profesora de Nóminas

 

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